¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a manejar los factores de estrés de la vida diaria?

Se trate de eventos con consecuencias duraderas, como el divorcio de sus padres, o simplemente de una complicación, como perder su tarea escolar, estas exigencias o factores de estrés son parte de la existencia diaria de los niños.

También es posible que tener amigos, tener éxito en la escuela, combatir la presión de sus pares o superar un impedimento físico sean preocupaciones para los jóvenes. Los factores de estrés diarios de poca importancia también pueden tener consecuencias. Pueden contribuir a la falta de sueño o apetito. Los niños pueden enojarse o volverse irritables, o sus calificaciones en la escuela pueden verse afectadas.

Cómo los diferentes niños sobrellevan el estrés

Los niños mejoran su capacidad de manejar el estrés si han tenido éxito al manejar desafíos anteriormente y si sienten que tienen la capacidad y el apoyo emocional de la familia y los amigos. A los niños que tienen un sentido claro de su capacidad personal y se sienten amados y apoyados, generalmente, les va bien.

Seguramente, la edad y el desarrollo de un niño ayudará a determinar cuán estresante. Ser de baja estatura puede ser un problema poco importante para un niño de 5 ó 6 años, pero una fuente de vergüenza diaria para un adolescente. Cómo un niño perciba el estrés y responda a él dependerá, en parte, del desarrollo, en parte, de la experiencia y, en parte, del temperamento individual. En especial, son sensibles a los sentimientos y las reacciones de sus padres. Si uno de los padres pierde el trabajo, los niños tendrán que ajustarse a la crisis económica de su familia. No solo deben lidiar con los cambios de presupuesto de la familia, sino también con los cambios en los estados emocionales de sus padres. Es posible que los niños tengan que enfrentarse con un abusón o busca pleitos en el área de juego o parque de recreo, una mudanza a un nuevo vecindario, una enfermedad grave de uno de los padres o la decepción que provoca tener un mal rendimiento deportivo. Podrían sentir una presión fastidiosa y constante para vestirse de la manera “correcta” o lograr altas calificaciones que los puedan poner en la vía rápida hacia la universidad “correcta”.

El estrés y los niños mayores de hoy

Los niños de hoy tienen menos apoyos sociales disponibles. El cambio familiar, que pasó de familias grandes,  y que brindaban apoyo (que incluía a ambos padres, los tíos y los abuelos)  a las  familias de padres divorciados, familias monoparentales y familias postizas,  esto ha alterado mucho la experiencia de la infancia.

Incluso en las familias intactas y estables, la creciente cantidad de familias con dos padres que trabajan, a menudo, fuerza a los niños a pasar más tiempo en programas extraescolares o solos en sus casas. Para algunos niños, esta falta de tiempo con sus padres es bastante estresante. También lo es la responsabilidad de cuidarse a sí mismos y de cuidar el hogar de la familia y, a veces, cuidar a un hermano menor después de la escuela.

Muchos niños y sus familias se estresan por las múltiples actividades que ocupan el “tiempo libre” de los niños. Los niños con un calendario sobrecargado y poco “tiempo para descansar” pueden terminar exhaustos.

Los niños de hoy en día también están creciendo en una era en la que se los expone a violencia y a la presión de los pares acerca de la actividad sexual y el consumo de drogas. También se les advierte que tengan cuidado de los secuestros, el abuso sexual y otros delitos. Ellos se enfrentan todo el tiempo a desafíos y, a menudo, se espera de ellos que crezcan demasiado rápido.

Estrés bueno y malo

No todo el estrés es malo. Las cantidades moderadas de presión impuestas por un maestro o un entrenador, por ejemplo, pueden motivar a un niño a mantener altas las calificaciones en la escuela o a participar más en actividades deportivas. Manejar con éxito situaciones o eventos estresantes aumenta la capacidad de un niño de sobrellevarlos en el futuro. Si el estrés es continuo o intenso, tiene repercusiones tanto en la psiquis como en el cuerpo. Los eventos estresantes repentinos acelerarán la respiración y los latidos de su hijo, le contraerá los vasos sanguíneos, le aumentará la presión arterial y la tensión muscular y, tal vez, le causarán malestar en el estómago y dolores de cabeza. A medida que persiste el estrés, podría ser más susceptible a enfermedades y tener fatiga, pesadillas, bruxismo (rechinar los dientes), insomnio, berrinches, depresión y puede irle mal en la escuela.

Dra. Jessika León
CMP: 33787 RNE: 23691

Médico Pediatra, con 8 años de experiencia profesional, en el área de pediatría hospitalaria y ambulatoria en instituciones públicas y privadas.

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Testimonios

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